Recordando a Michael Jackson
En medio de la polémica sobre los que ven que, con el cuerpo aún presente de Michael (y van doce días), se está montando un negocio un tanto de mal gusto, se ha vivido hoy uno de esos acontecimientos de comunión internacional, que se dan de poco en poco, y que igual, precisamente por eso, mantienen toda su magia. Me viene a la memoria, aunque de muy distinta naturaleza, la conmoción mundial que vivimos con la muerte de Lady Di en 1997 o el estado de shock brutal en el que se quedó el mundo con las víctimas del 11-S y el 11-M, en 2001 y 2004 respectivamente.
La muerte, desgraciadamente, tiene un toque de autenticidad brutal que nos hace reconocer el drama por muy cínicos que nos pongamos. Las colas delante del Staples Center de Los Ángeles, las velas, las flores, la histeria colectiva, la reventa de entradas, está muy lejos, aunque pueda mantener algunos puntos comunes, de la presentación, ayer, de Cristiano Ronaldo.
Porque, al final, aunque amigos, artistas, cantantes, actores, personalidades varias, mantengan la compostura y saquen ánimos para ir con looks sofisticadísimos y energía para cantar y dar las gracias, las intervenciones tengan los ritmos medidos a la perfección y el acto esté coreografiado por un genio del espectáculo moderno, sabes que la madre ha perdido a un hijo, los niños a un padre, los hermanos a un hermano, y los amigos... a uno de ellos.
Puedes contentarte con que el hecho de que se van a forrar, de que la muerte del buque insignia familiar acabará con los famosos problemas económicos de Jacko y dejará a los Jackson blindados para varias generaciones. Pero en el fondo sabes, y lo sabes porque la muerte es algo que nos pasa a todos, que no compensa. Los niños, que me parecieron ausentes durante toda la ceremonia, con el mayor, Prince Michael, mascando chicle, con la mirada perdida, como deseando estar en otro sitio, intenaron dar las gracias a todos a través de Paris Jackson una niña de 11 años que acaba de perder a su padre. La niña intentó hablar, dijo que tenía el mejor padre del mundo, y le dijo que le quería mucho. Y luego rompió a llorar. Y por mucho que pensemos que todo es espectáculo y que nada es para tanto, sabemos que esas lágrimas no son parte del circo. 4 real.

La pregunta es ¿dónde estaba toda esa gente, especialmente sus familiares que no cuidaron de él? Hay que recordar que a sus compungidos hermanos y padre no les deja nada en la herencia.