41º22'50,44"N, º07,19.28"E. U2 live in Barcelona
Esperar a que empieze un concierto de U2, algo que solo he vivido tres veces, las mismas que mi hermano en los proximos 10 días, es como esperar a un amigo en la boca del metro. Sabes que llegará, puntual de hecho, y que te lo pasarás de miedo, pero tu has llegado 5 horas antes y has decidido esperarle de pie y al sol. Es normal ver un concierto con los riñones hechos trizas y alternando una pata coja con la otra. Un dolor in crescendo recorre la planta de tus pies mientas suena algún tema de No Line in the Horizon.
El concierto del pasado martes en Barcelona, ahora mismo se celebra el segundo, primero de la gira durante la que Bono, previsiblemente, cumplirá 50 años, fue la culminación de largas esperas, tensiones y una larga serie de especulaciones. Largas esperas porque siempre pasan muchos días desde la compra de las entradas hasta la fecha del concierto, tensiones porque, joder, es un martes, estás a un buen puñado de kilometros y tienes que pedir el día libre y especulaciones porque mucho se ha hablado de cambios en el repertorio habitual: Que si UV (Light my way), que si The Unforgettable Fire... y ya.
Por que, si bien se les pueden perdonar ciertos nervios, algunos fallos y el rollo mesiánico de siempre, sigo si entender la deferencia de los irlandeses por sus éxitos de los 80. No sé cual es la sensación del fan de U2 de toda la vida pero creo que los temas del redondo Achtung Baby (1991), Zooropa (1993) o, el injustamente denostado, Pop (1997) tienen la misma categoria de clásicos que Where the streets have no name, por ejemplo, y no las han tocado cientos de miles de veces en directo. Me consta que los fans de U2 tienden a asistir a más de una cita por gira y que demandan algo más de improvisación. Si hoy contactan, otra vez, con la estación espacial me llevaría una gran decepción.
El 360º Tour de los irlandeses es un prodigio. Una escenografía que roza la perfección, un sonido tan apabullante que lo notas antes en la boca del estomago que en los oidos y una crew impecable convierten el concierto de U2 en un ejercicio de creatividad y de técnica sin precedentes. Bono, Edge, Clayton y ¡hasta! Mullen Jr. se mueven por todo el escenario gracias a la tecnología inalámbrica (lo mejor desde Google y la rueda) y una pantalla cilíndrica de LED, posiblemente lo mejor, y quizás lo más desaprovechado del escenario, sube, baja, se expande y se comprime.
Con todo este tinglado y el portentoso sonido, me imagino que es mejor ir sobre seguro. Los temas de siempre, los que funcionan, aptos para todos los públicos aunque a Bono le cueste, más que nunca, entonar aquello de See the stone set in your eyes y se confunda cantando One. La sensación a la salida es esa. Más de lo mismo. Tanto para esto. Carreras, nervios, sol y una hora detrás de otra. Lo mismo que ese amigo al que esperabas en la boca de metro. Pero acaso ¿no lo volverías a hacer?

