Todos los detalles del concierto de Madonna en Sevilla
Madonna ya tiene cincuenta años. Está vieja, pero intenta luchar contra el paso del tiempo intercalando el gimnasio con pinchazos de botox. Y no sólo esta odisea queda reflejada en sus letras. Cada concierto es una continua disputa por demostrar que se mueve mejor que cualquier mamarracha veinteañera -Cagalera, Britney, Hilary Duff, etc-. Puede que ésa sea la razón por la que la Reina del Pop se haya convertido en un personaje predecible, aburrido y poco creíble. Todo ello queda bien estampado en Sticky And Sweet, una gira mediocre para un disco mediocre.
El pasado martes la cantante se dirigió con todo su tinglao a Sevilla, a pisar tierras españolas tras la ausencia de sus dos tours anteriores. Y la verdad es que el regreso resultó bastante decepcionante, porque el espectáculo es un despropósito tras otro.
Ya el comienzo deja claro que Sticky And Sweet es de lo más low cost: el vestuario, las coreografías, las referencias… Claro que la palma se la llevan las infografías. Mensajes políticos aparte -quién te ha visto y quién te ve, señora Richie-, los visuales eran propios de un estudiante de FP en su primer año: Cutres hasta decir basta.
Y es que no me quiero cebar, pero es que el show sigue una línea totalmente inconexa y ridícula. La cantante pasa de bailar sobre un Rolls Royce y hacerse la chunga del barrio a saltar a la comba con imágenes de Keith Haring en un santiamén. Pero la vergüenza ajena llega a su highlight cuando la vieja saca un verdadero grupo de gitanos y obsequia a su séquito de seguidores con un popurrí cultural en el que aúna lo latino, flamenco y el universo rumano al ritmo de 'La Isla Bonita'. ¡Todos en el mismo saco!
Lo único bueno del espectáculo es el rescate de algunos de los viejos temas que consagraron a la Reina del Pop en el milenio pasado: 'Into The Groove', 'Borderline', 'Like A Prayer' y 'Open Your Heart'. También incluye 'Vogue', pero una versión espantosa que aparece remezclada con la parte instrumental de '4 Minutes'. Sin embargo, lo peor del repertorio es el haber metido canciones que merecen ser borradas de la memoria: 'Spanish Lessons', 'You Must Love Me' y 'Human Nature'.
Para más INRI, Madonna tiene ya la jeta de regodearse en su propio playback y quitarse el micro mientras sigue sonando so voz. Sí que es verdad que en esta gira hay bastantes partes en directo, pero es que la preabuela canta en otras ocasiones sobre pistas grabadas que camuflan sus gallos. Pero, vamos, no descubro Roma, cariño.
No menos sonrojante son los momentos en los que la artista coge la guitarra eléctrica. El peor de todos, el que destroza 'Hung Up'. Pero ¿quién se cree? ¿Angus Young? Claro que esas partes son las que sirven de relleno para ahorrarse la coreografía de turno y dejar descansar así a ese montón de músculos antilujuriosos.
Toda esta suma de puntos hace que no titubee al afirmar que Sticky And Sweet es la peor de las últimas cuatro giras de Madonna. Y si has podido disfrutar alguno de sus anteriores espectáculos, sabrás que no miento.


